Joven habitante de la Ciudad del Caos (Distrito Federal), que busca emanciparse ante el complejo mundo de sinsabores, sinsentidos y divagaciones que representa el mundo actual. Dotado de una visión surrealista de los acontecimientos cotidianos, ha decidido dejar libre al compendio de ideas que fluyen a través de su mentalidad y captarlas en líneas escritas por el ordenador, las cuales son contenidas en una prisión de 1024 X 768. Vaya usted a saber por cuánto tiempo. Actualmente se desempeña como locutor del programa de radio de la revista Indie Rocks! que se transmite por la frecuencia Grita Radio.
De discos, de música, de conciertos, de reseñas, de películas, de fiestas, de videojuegos, de trapos, de sneakers, de dunks, de arte, de Internet, de libros, de revistas, de lo que quieran.
En Cinepolis van a pasar los cortometrajes Live Action que fueron nominados este año en los Oscares, sin embargo no incluyen los cortos de animación, así que si se quedaron con las ganas ya se los dejo aquí para que los disfruten, el de Logorama ya se los habíamos recomendado (click aquí), pero ahi les van los otros: French Roast, de Fabrice O. Joubert. Corto francés que juega con la posibilidad ¿Qué harías si olvidas la cartera?… con hechos extraños y un poco gratuitos, pero la música está buena…
Granny O’Grimm’s Sleeping Beauty, de Nicky Phelan. Corto irlandés con una nueva versión de la Bella Durmiente…
La dama y la muerte, de Javier Recio Gracia. Corto español bastante animado.
A Matter of Loaf and Death, de Nick Park, protagonizado por sus estrellas Wallace & Gromit que después de la película no habían podido mmm “actuar”. Un corto muy difícil de encontrar en la red, aquí les dejo el link que parece provenir de China o Japón.
Espero los disfruten…algunos son mejores que otros, ninguno es fenomenal la verdad… nunca nada como los primeros minutos de la película de Up, en fin, comenta ¿Cuál es tu favorito?
La periodista Adriana del Moral definió a la ciudad fronteriza de Tijuana como “una Babel que se ubica, de alguna manera, en el fin del mundo”. Una visión fragmentaria de esta población nos sugiere inmediatamente drogas, sexo, tugurios y una vida de excesos que convierten a Tijuana en un referente dentro del imaginario colectivo mexicano como una ciudad en donde “todo es permisible, aún lo inimaginable”.
Debido a su condición de frontera entre México y Estados Unidos, la población se ha visto influenciada por la cultura mexicana y la norteamericana, por lo que es común que sus habitantes hablen en “spanglish” y que sus manifestaciones artísticas recaben esta hibridación cultural. Gente que vive en Tijuana y trabaja en San Diego, y que pasan más de 7 horas en el tráfico generado por las aduanas y los minuciosos controles fronterizos de ambas naciones.
Como dice Fran Ilich, escritor, hacker y activista: “Tijuana y San Diego son una sola ciudad que, como Berlín, se dividió por accidentes y designios del destino”.
El mismo Ilich, originario de este lugar, lo define así en su libro Metro pop: “Tijuana es la ciudad del pasado, subdesarrollada, prototipo del punk rock y el desmadre, la ciudad anárquica. Y San Diego es la ciudad afortunada, con un poco de estilo, con la tecnología para el rave”.
Como decíamos líneas arriba, esta situación necesariamente se refleja en la actividad cultural que se genera en Tijuana. Y quizá uno de los mayores representantes de esta tendencia fronteriza sea el artista gráfico Gerardo Yépiz, mejor conocido como “Acamonchi” ; cuyos diseños y pinturas han sido motivo de exposiciones en San Diego, diversas ciudades de España y la Ciudad de México.
Utilizando motivos arraigados en la cultura popular mexicana, el trabajo de Acamonchi abarca a la virgen de Guadalupe, la lucha libre, la imagen del sub-comandante Marcos y diversos íconos relacionados con la Revolución Mexicana y el movimiento Zapatista. Contrario a lo que uno pudiera pensar, el uso de estos elementos gráficos es una suerte de denuncia por parte del artista en contra de una visión romántica sobre la “mexicaneidad”, cuya explotación dentro de la cultura chicana muchas veces “generan una visión romántica, la visión de un México que no existe.”
El trabajo de Acamonchi también se ha mezclado con la música, ya que él se ha encargado de diseñar los flyers de los eventos del Nortec Collective, por lo que quizá su faceta como diseñador sea la más conocida hasta ahora fuera de San Diego y Tijuana. Paralelamente al trabajo de artistas independientes como Acamonchi, existen intentos desde las instituciones para que la población de Tijuana conozca su compleja actividad cultural y sea partícipe de la misma.
¿Vale la pena acercarse al trabajo artístico de la frontera?... Seguro: ciudades como Tijuana, son mucho más que lo que Manu Chao describió en una de sus canciones: “... tequila sexo y mariguana”.
Efectivamente, tal y como lo lee en este su blog de confianza, a partir del mes de marzo usted podrá leer las colaboraciones de T. Kings en la página personal del locutor de reactor 105.7, mejor conocido como el "Sopitas".
Acá el link a las aportaciones, las cuales también estarán siendo publicadas en este blog.
Diez años… Realmente parece que fue ayer cuando estábamos contando los días para entrar en el nuevo milenio. En aquel entonces los seguidores de la música alternativa teníamos la gran ventaja de poder escuchar en la radio una propuesta única y bastante diversa: Radioactivo 98.5. Gracias a esta estación, tuve acceso a grandes discos y a grandes bandas las cuales marcaron de manera significativa mi devenir musical; y resultará muy evidente para los lectores mayores de 20 años la nostalgia que se siente por rememorar aquellas épocas. Aunque suene como a refrán del abuelo, “en aquellos tiempos” la Internet era una herramienta apenas en desarrollo, y muy pocos tenían acceso pleno a ella. No contábamos con un software que nos permitiera bajar las canciones que nos gustaban, vaya, éramos pocos los que teníamos computadora. También cabe destacar que los más suertudos podíamos comprarnos de vez en vez un disco de nuestras bandas favoritas; lo cual representaba ahorrar las mesadas que nuestros padres nos daban para poder comprar cuatro o cinco discos al año.
Por ende, una manera común de conservar aquellas canciones que nos gustaban y compartirlas con nuestros amigos era grabarlas en cassette. Recuerdo que llegué a tener más de cien cintas grabadas con la música que más me gustaba; y era genial poder llegar a la escuela e intercambiar tapes con los cuates, sobre todo cuando eran canciones nuevas o bien de esas que era difícil escuchar en la radio (Molotov, un claro ejemplo). Precisamente por eso la referencia al desaparecido 98/5, dado que era nuestra fuente musical; o por así decirlo, nuestro Limewire análogo. En fin, todo el momento nostálgico se debe a que hace unos días decidí revisar algunas cintas que conservé con el paso de los años y fue muy gratificante (y divertido) ver qué era lo que yo escuchaba en aquel entonces. Por lo mismo, he decidido compartir con ustedes una cinta (ya digitalizada, no se apuren, se escucha bien) para recordar aquella época de los noventa.
Les dejo la lista, y también la invitación a que ustedes compartan con nosotros las canciones que escuchaban por esos tiempos.
Me hallaba en mi tienda, aburrido y tranquilo. No había muchos clientes a la mitad de la semana, y no tenía otra cosa que hacer que esperar y escuchar música. Me levanté de mi asiento y me asomé a la calle. Algo pasó revoloteando frente a mi rostro y entró a la tienda. Era una cosa de un tenue color verde, una mariposa. La seguí con la mirada. Dio algunas vueltas frente a los uniformes deportivos, se acercó con ese volar tembloroso suyo a los balones de voleibol, se detuvo sobre la flor de resina ornamental que está encima de una bocina, pero emprendió el vuelo inmediatamente, tal vez asustada por las guturales vibraciones del Death Metal que despedía el aparato, más probablemente decepcionada por la inexistencia de alimento en ese plástico mundo ilusorio, tan parecido al nuestro. Después de golpear el cristal de un aparador, alcanzó la salida. Volví afuera con ella. Dio algunos giros y piruetas atrevidas y fue a posarse sobre el pavimento ligeramente húmedo, movió las alas por última vez. Imaginé que escuché su llanto. Volví adentro. Apagué la música, y esperé en silencio la hora de cerrar.
Definir la obra de Jorge Villaruel es complicado... Él mismo me lo decía de esa manera en una entrevista que tuve la oportunidad de hacerle hace algún tiempo. Digamos que la lectura de sus cuentos está determinada de manera ambigua por el estado de ánimo de sus lectores. Influye el estado de ánimo inicial, el cual puede ser avalado por sus letras; o bien, corre el riesgo de ser completamente modificado al pasar los ojos por el punto final. Quizá estoy siendo demasiado pretencioso al intentar describir los efectos que genera la prosa de JV, quien a su vez, se describe a sí mismo (en realidad, lo hacen sus fans, según él) como "el peor escritor de la modernidad, pero el mejor de la post-modernidad". Sin embargo, deben saber que sus cuentos están llenos de esa materia etérea que no a todos les resulta fácil digerir. Cuando hablo de los estados de ánimo me refiero concretamente al hecho de que sus creaciones están llenas de esa ambigüedad a la que me refería líneas arriba, dado que sus héroes en ocasiones resultan ser antihéroes, sus musas terminan siendo destruidas para poder continuar su obra y, sobre todo, nos denota fácilmente el carácter casi inverosímil de nuestra propia existencia. ¿Ficción o realidad? No importa. A Jorge le da lo mismo escribir sobre el capitalismo o bien sobre las hadas. En ocasiones es difícil distinguir si lo que nos está contando pudiera ser anecdótico o simplemente es uno de esos casos en que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Al final del día, todo es relativo, depende del cristal con que se mire. Es por ello que para mí representa un enorme placer compartir con ustedes dos cuentos de JV, los cuales representan en mucho esa ambivalencia que espero no sea el término con el que se queden después de leer estas líneas. Júzguenlo ustedes mismos; ya que me atrevo a decir que sus escritos son más que lugares comunes o una asociación de literatura supuestamente elevada, representan un grato relato de nuestra cotidianeidad ampliamente desapercibida.